Siniestra hermosura

Su inclinación natural es hacia las noches oscuras 
cuyo césped es negro, 
hacia la desnudez inmaculada. 
A la luz de la luna, 
su verso pertenece a su propia semejanza, 
como las alas del murciélago pertenecen al mal.


Esto no es una narración fantástica; es tan sólo una narración novelesca. ¿Es preciso deducir que, dada su aparente inverosimilitud, no sea verdadera? Suponer esto sería un error. Pertenecemos a una época donde todo puede suceder. Casi tenemos el derecho de decir que todo acontece. Se podría opinar también que fue una leyenda; sin embargo, no se inventan leyendas a la terminación de un práctico siglo XX, el siglo en que el don poético de Valentine Penrose presentó esta, su Comtesse sanglante en 1962. Ni en Bretaña, ni en Escocia, ni en Noruega, ni aun en Transilvania, donde el aspecto de los Cárpatos se presta por sí a todas las evocaciones fantásticas. No obstante, conviene hacer notar que el país transilvano está todavia muy apegado a las supersticiones de los antiguos tiempos. Transilvania es un curioso fragmento del imperio de Austria; dicha región se llama en lengua magyar El Erdely, o, lo que es igual, el país de los bosques. Se halla limitada al Norte por Hungría, por Valaquia al sur y por Moldavia al oeste. Con sus llanuras destinadas al cultivo, sus ricos pastos, sus valles caprichosamente delineados, sus soberbias montañas, la Transilvania, ondulada por las ramificaciones plutónicas de los Cárpatos, está cruzada por numerosos ríos que van a engrosar con sus tributos los caudales del Theiss y del soberbio Danubio, cuyas puertas de hierro, algunas millas al sur, cierran el desfiladero de la cordillera de los Balkanes, en la frontera de Hungría y del imperio otomano. Tal es el antiguo país de los dacios.
La vida de Erzsébet transcurrió, a partir de sus 10 años, en el Castillo de Csejthe, en Transilvania. Esa singular región rodeada por los Cárpatos que, por su fértil riqueza, fue siempre zona de conflicto entre Hungría y Rumania. En aquellos años, era húngara. Transilvania nos trae a la memoria otra figura mítica, Drácula. Transilvania es, entonces, desde hace siglos, una zona colonizada por vampiros. “He leído que en la herradura de los Cárpatos se reúnen todas las supersticiones del mundo, como si fuese el centro de un remolino de la imaginación”. El castillo de Csejthe lleva 200 años en ruinas, allá, en su espolón de los pequeños Cárpatos, en las lindes de Eslovaquia. Allí siguen los vampiros y los fantasmas. En los sótanos del castillo de Csejthe se concentraba el universo  femenino de Erzsébet. Allí, segura de su intimidad, ella se entregó, voluptuosamente, a sus demenciales ritos. Se puede entender de dónde viene ese placer sexual, multiplicado por la penumbra atravesada por el vago resplandor de las teas, muy hondo bajo tierra y con la certeza de su seguridad. Numerosas son las sectas que se han entregado a sus prácticas eróticas en lugares ferozmente cerrados y cuyas puertas, una vez dentro, ni siquiera se sabía dónde estaban. Desnudar es propio de la muerte y la muerte no es sino un poco de dolor.
Así, esta mujer siniestra, mandó construir varios instrumentos de tortura, entre ellos la virgen de hierro. Cuenta Alejandra Pizarnik, que para que la virgen entrara en acción era preciso tocar algunas piedras preciosas de su collar y así, respondía inmediatamente con horribles sonidos mecánicos y muy lentamente alzaba los blancos brazos para que se cerraran en un perfecto abrazo sobre lo que estaba cerca de ella —en este caso una muchacha—. La autómata la abrazaba y ya nadie podía desanudar el cuerpo vivo del cuerpo de hierro, ambos iguales en belleza. De pronto, los senos maquillados de la dama de hierro se abrían y aparecían cinco puñales que atravesaban a su viviente compañera de largos cabellos sueltos como los suyos. Ya consumado el sacrificio, se tocaba otra piedra del collar: los brazos caían, la sonrisa se cerraba así como los ojos, y la asesina volvía a ser la virgen inmóvil en su féretro.
¿Por qué es tan fascinante la vida de esta condesa sedienta de sangre y de conocimiento? Por arriesgarse. Arriesgar la vida es un acto de voluntad temeraria en que un ser humano consciente se asoma al abismo. La fórmula privilegiada de obtención de prestigio que hace a los hombres amos y señores sobre otros hombres, es trascender en el tiempo. Erzsébet es Eva y es Lilith, ya que a ésta, así como a todas las mujeres de su Hungría bárbara y feudal, se le prohibían los libros. Aunque la suegra le había enseñado a leer, sólo le estaban permitidos los épicos y religiosos, no los relacionados con el saber. Por otra parte, en esa época sólo unas pocas mujeres escribían. La mayoría se dedicaba a copiar textos de otros. Es recién a partir del siglo XVIII que aparece la literatura escrita por mujeres. Publicaban generalmente con seudónimos masculinos, ya que la palabra seguía siendo propiedad del varón. Según Virginia Woolf, cuando leemos algo sobre una bruja zambullida en agua, una mujer poseída por los demonios, una sabia mujer que vendía hierbas, nos hallamos sobre la pista de una novelista malograda. Si es cierto que a Erzsébet le estaba prohibida toda fantasía, se nos ocurre preguntarnos si no podría haber sido una de aquellas escritoras frustradas.
Para Penrose, aquella larga niebla, que una sucesión de antepasados germánicos había dejado rezagada en ella, le impidió responder, como no fuera en una especie de trance, a la llamada de la vida y de la muerte, del dolor y de la sangre que oía dentro de sí. Su crueldad era el desenlace de una raza fundada por guerreros, continuamente reiterada por esposas de otros linaes guerreros: las generaciones de aquellos tiempos de Marte.
Nunca pensó en su salvación. A pesar de su condición de lunática, estaba predestinada por encima de todo a este mundo antes que a un cielo o un invierno lejanos. Lo que intentaba asir, apropiarse, estrechar eran las alegrías de este mundo, las rudas alegrías de su tiempo y de su país —y conservarlas: la belleza y el amor. Y en esta posesion ver donde todo se quebraba: el acerado hierro no topaba más que con agua: lo que cantaba se arremolinaba, se movía, no era de repente más que agua muerta y muertos refleos.
A las preguntas para saber las razones que la condesa tenía para torturar así a sus víctimas, respondieron los servidores: porque eran aún jóvenes y bellas y eso ponía celosa a nuestra ama. Erzsébet, dice Penrose, estaba segura de su derecho, un derecho fundado en la peligrosa y fatal magia de las savias vegetales y de la sangre humana, un derecho nacido de la rosa de los vientos y contra el cual nadie puede nada. Las brujas del bosque la hacían vivir en el corazón de un mundo sin relación alguna con el mundo real. Más adelante, sintiendo crecer en su interior el deseo de inmolarlas, pensaba de las jóvenes: Su sangre no las llevará más allá; la que va a vivir ahora de ella soy yo, otra yo; seguiré su camino, su camino de juventud que las conducía a la maravillosa libertad de gustar. Por su camino, que yo hago mío con trampas, llegaré al amor. Conservadme joven, aceites que tenéis la flexibilidad de las flores. Ya que existís realmente, como yo existo, gotas secretas conservadas en la palma de las manos de las hadas, en la cáscara de las bellotas, en la unión de dos hojas donde se baña el insecto, puesto que existís, ¡oh secretos, mezclaos, acudid en mi ayuda! Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory alcanzó, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible. Cierto es que se la había eximido de lo peor, de la inquisición en que todas las preferencias se evocan minuciosamente, en que se van desarraigando metódicamente del profundo humus del subconsciente los gustos más secretos y las formas de satisfacerlos, en que se saca fuera del sombrío manto de Satanás todo lo que es eróticamente anómalo. “Empero al malo y al que ama la violencia, su alma aborrece. Sobre los malos lloverá lazos; fuego y azufre, con viento de torbellinos, será la porción del cáliz de ellos”.

Graciela Mejía González (Texto basado en los escritos de Valentine Penrose y Alejandra Pizarnik).

Ver: Erzsébet Báthory  http://vieliteraire.blogspot.mx/2014/04/erzsebet-bathory_19.html
La melancolía  http://vieliteraire.blogspot.mx/2014/05/la-melancolia.html
La dignidad del hombre  https://vieliteraire.blogspot.mx/2014/05/la-dignidad-del-hombre.html
El castillo de los Cárpatos  http://vieliteraire.blogspot.mx/2011/12/el-castillo-de-los-carpatos.html
El evangelio de los vampiros  http://vieliteraire.blogspot.mx/2011/11/el-evangelio-de-los-vampiros.html
La mandrágora  http://vieliteraire.blogspot.mx/2013/04/la-mandragora.html
La muñeca sangrienta  http://vieliteraire.blogspot.mx/2013/05/la-muneca-sangrienta.html
La muerta enamorada  http://vieliteraire.blogspot.mx/2014/03/la-muerta-enamorada_1.html
Lo artificial y sus incitaciones desconocidas  http://vieliteraire.blogspot.mx/2015/10/lo-artificial-y-sus-incitaciones.html
Drácula, la personificación de una divinidad pagana maligna  https://vieliteraire.blogspot.mx/2017/04/dracula-la-personificacion-de-una.html