Naná o la mujer ante el espejo, Édouard Manet

Llevaba los colores de la caballeriza de Vandeuvres, azul y blanco, con una toilette extraordinaria: el corpiño y la túnica de seda azul, ceñidos al cuerpo, y levantados tras de los riñones por un polisson enorme, lo cual dibujaba los muslos de una manera atrevida, en aquella época de vestidos holgados: la falda de raso blanco, y todo ello adornado de una franja de plata que resplandecía al sol. E. Zola

A veces, en pintura es más importante saber lo que hay que quitar que intuir lo que hay que poner. Acertar con el punto exacto, con lo extricto, a fin de dar en nuestra retina la sensación de formas completas. Es algo que no se aprende. Su calibración es un don gratuito, como el talento. Un espacio desprovisto de contornos y de profundidad, un espacio sin límite y sin medida, un espacio a la vez íntimo y decorativo, la división tajante de las superficies entre partes llenas y vacías lleva a sugerir una profundidad mediante la oposición de los valores más elementales y prescindiendo por completo de la línea, el modelado de las figuras a fin de obtener un volumen que pese en la atmósfera. Manet fue uno de los primeros en tener la sensación de este espacio, un problema que renueva solidariamente la percepción y la figuración del espacio fuera de los límites temporales. El exceso de precisión en la ejecución de un cuadro tiende a esa mecanización y racionalidad que resta vitalidad, sensibilidad, individualidad y espontaneidad, es decir que la propia originalidad, tanto para los seguidores de las artes y oficios como para los impresionistas, estriba en las aparentes imperfecciones de lo hecho a mano, libre de los vicios de la perfección mecánica, pues al excluir el sentimiento, sólo queda la imaginación razonada y analítica. De esta manera pasamos sin transición del calor al extremo opuesto, el frío; del corazón a la mente; del sentir, al pensar; de la emoción, al razonamiento. Por otra parte, como se puede observar, la paleta de Manet se hizo mucho más alegre gracias al contacto con los impresionistas, en el verano de 1874. Aquí vemos tonalidades azules y naranjas, acompañadas de negro y blanco. La pincelada es más rápida, apreciándose los trazos en el lienzo similares a los de Monet y Renoir. Manet normalmente hacía retratos de personas de su clase social, pero cuando mantiene una relación con Degas, se da a la tarea de introducir nuevas temáticas, por ejemplo, mujeres en actitudes intimistas, como en los cuadros: "Naná" y "Mujer ante el espejo". En el cuadro de "Naná", Manet recurre al tema de la prostitución y es mucho menos directo, al no presentar ningún desnudo. "Naná" está inspirada en un personaje secundario de una novela de Zola titulada "La taberna", de 1876, donde la hija de los protagonistas, llamada "Naná", consigue conquistar a un conde. La modelo empleada para esta escena es Henriette Hauser, amante del príncipe de Orange y asidua del café Tortoni de París. "Naná" aparece en un tocador improvisado en el estudio del artista, con la pared del fondo decorada con papel de seda japonés y con muebles estilo Luis XVI. La pintura fue enviada al Salón de 1877, siendo rechazada. El cuadro de "Naná" se consideró ofensivo a la moral y se exhibió en la tienda de Giroux, provocando graves protestas. En el cuadro titulado "Mujer ante el espejo", nos encontramos ante una mujer que se contempla en un espejo; el corsé azulado y las enaguas blancas recuerdan al cuadro de "Naná", pudiendo tratarse de una versión diferente de ese tema, pero, lo que se valora en este cuadro es la originalidad, no la copia casi exacta de la realidad, o peor aún, una copia casi fotográfica. La pincelada es rápida, Manet aplica el color con largos toques de pincel, aunque apreciamos la exquisitez del dibujo que conforma el volumen de la figura. Los colores son alegres, lejos de las tonalidades oscuras de su primera etapa, como se mencionó y si observamos con detenimiento podemos notar que la mujer que posó para el cuadro de "Naná" es la misma del cuadro titulado "Mujer ante el espejo" y el espejo representa el reflejo, el otro lado, el opuesto y la vanidad, siendo así una evocación más directa con el concepto que Zola maneja de dicha mujer en su novela.

Graciela Mejía González

Ver: La mujer de azul, Thomas Gainsborough, http://vieliteraire.blogspot.mx/2013/03/la-mujer-de-azul.html
Joven vestida de azul, Pierre Auguste Renoir  http://vieliteraire.blogspot.mx/2011/12/joven-vestida-de-azul-pierre-auguste.html
Retrato de niña, Pierre Auguste Renoir  http://vieliteraire.blogspot.mx/2011/12/retrato-de-nina-pierre-auguste-renoir.html
La condesa de Houssonville, Jean Auguste Dominique Ingres  http://vieliteraire.blogspot.mx/2011/12/la-condesa-de-houssonville-jean-auguste.html
Naná  http://vieliteraire.blogspot.mx/2011/12/nana.html

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